
Como homenaje al sensible fallecimiento de nuestro socio fundador, Jorge Ibáñez Vergara, publicamos a continuación, el texto íntegro del discurso público y masónico que el Presidente de ILAyRA, Eulogio Baeza*, dio en su memoria en el multitudinario funeral que tuvo lugar el martes 24 de enero recién pasado. Dicho discurso fue el único solicitado -y publicado íntegramente el día 26 de enero- por el diario El Heraldo de Linares, tierra que vio nacer y crecer a Jorge Ibáñez:
"Autoridades Civiles, Grandes Autoridades de la Masonería Simbólica y Escocesa,
Distinguidas damas, Sras. Srs.:
En nombre y representación del Consistorio “Eduardo de la Barra”, en Grado XXXII, de la Masonería Filosófica de Chile, vengo a despedir a nuestro Ilustre Hermano JORGE EDUARDO IBAÑEZ VERGARA, que pasa a decorar el Oriente Eterno, a los 85 años de una vida ejemplar, llena de realizaciones en bien de la humanidad, inspirado por más de cincuenta y tres años por los idearios de la Masonería, a la cual ingresó en el año 1949, recorriendo la escala de perfeccionamiento del escocesismo a partir de un 06 de enero de 1984, hace exactamente 28 años atrás, para llegar en mérito a su celo, al fervor y la constancia que puso en su accionar masónico, a recibir el Grado XXXII en nuestro Consistorio, el cinco de enero del pasado 2008: estaba llamado a cumplir las más elevadas tareas de la Masonería como Gran Inspector General del Supremo Consejo, pero el Gran Arquitecto del Universo ha hecho efectivo el imperativo designio que la voluntad del hombre no puede quebrar, y el merecido descanso ha llegado para quien su legado lo ha inscrito entre los grandes hombres de bien, cuya conciencia ilustrada le permitió estar en lugares de privilegio, iluminando con realizaciones de importante proyección social, el sendero de su generosa existencia.
Nuestro Ilustre Hermano Jorge, ha alcanzado en este recién pasado 22 de enero, la mágica y verdadera percepción de un Príncipe del Real Secreto, que en la más absoluta lealtad que siempre caracterizaron sus actos y su egregia personalidad, se lleva consigo y no nos será revelada.
La Masonería Chilena, y muy especialmente nuestro Consistorio “Eduardo de la Barra”, en Gº 32, tiene y expresa para él el más grande reconocimiento, por su constancia, su trabajo y su obra, que siempre entregó con generosidad, sin eludir jamás un compromiso, y con la mente siempre puesta en ideales superiores, soñando, proyectando, imaginando hasta el último día de su existencia la tarea, el quehacer para un mañana mejor, en un optimismo contagiante, que hasta nos hizo creer que este momento no llegaría y podríamos contar con él por muchos años más, luchando por el laicismo, la libertad, la democracia, la justicia social, la equidad, y por ayudar al hombre de todas las edades y en todos los rincones, a ejercitar su capacidad de pensar, de razonar, y resolver desde el más simple y hasta el más complejo de sus dilemas con su libre albedrío.
A su distinguida esposa, a sus tres hijos, les decimos en estos sublimes momentos, que al igual que ellos estamos consternados, pero orgullosos de haberlo tenido entre nosotros, agradecidos del ejemplo que deja a toda una generación, de cómo la impronta de los ideales deben convertirse en acción, en realizaciones, en obras de progreso social, con generosidad, sin egoísmos ni ambiciones, buscando siempre y nada más como legítima recompensa por lo realizado, la satisfacción del deber cumplido, la tranquilidad de la conciencia de haber dado todo lo que era posible dar dentro de la máxima posibilidad de su capacidad.
Ningún recuento sería suficiente y ningún inventario podría revelar la exactitud y dimensión de su obra; el sólo intentarlo constituiría un audacia para la que no estamos preparados, y heriría sin lugar a dudas, la sensibilidad de una personalidad que no buscó jamás elogios, premios ni recompensas, y a cuya memoria queremos honrar en nuestro recuerdo con la sencilla expresión de que estamos absolutamente concientes y seguros, de que cumplió con su deber porque era su deber, porque fue un hombre cabal, sincero, leal y consecuente, fraterno como el que más y al punto en que cada uno de los masones que tuvimos el privilegio de conocerlo y compartir con él no podemos por menos de decir que lo reconocimos siempre como nuestro muy querido hermano.
Hay cuatro columnas que reconocemos en él soportando la estructura de su templo interior, que se expresan con una claridad impresionante a través de todo su quehacer, de lo cual queremos intentar las pinceladas que nos ayuden a demostrar la verdad de lo que era, para imaginar también la dimensión de lo perdido en su partida, con esta muerte que llega poniendo el sello final a la obra de una existencia que transcurrió en la justa y perfecta dimensión de una vida plena.
Fue nuestro Ilustre Hermano Jorge Eduardo, un hombre que se comprometió con la justicia en una dimensión que pocos pueden y logran alcanzar, escalando por las empinadas colinas del derecho, hasta tocar los dinteles de los templos consagrados a transformar en ley los ideales de una sociedad que aspira a ser mejor y más justa, de aquel otro destinado a resolver los conflictos para hacer respetar las decisiones de un pueblo que busca a los mejores para la más importante de las tareas a que pueda ser llamado un hombre, servir a sus semejantes a través del servicio público, que idealizamos impregnado de transparencia, honradez y sacrificio: nuestro Ilustre Hermano fue el Honorable Diputado que llegó a dirigir la Cámara como el mejor de todos sus iguales; nuestro Ilustre Hermano fue el Ministro que en el Tribunal Calificador de Elecciones resolvió la contienda que inquietaba al elector, devolviendo la tranquilidad y reestableciendo la estabilidad y seguridad de un sistema democrático a toda una sociedad.
El amor en sus más elevadas formas y caracterizaciones impregnó la figura y personalidad de nuestro Ilustre Hermano ejemplarmente manifestada en su relación de pareja con su distinguida esposa doña María Angélica Beltrami Estay, de cuya unión nacen sus tres amados hijos, herederos de una riqueza espiritual incalculable, que se expresa en poemas, libros de cuentos, ensayos, artículos diversos, en la construcción del recuento histórico de la vida de un prócer, cuyo texto traducido a la universalidad del idioma inglés y a la, para nosotros, complejidad idiomática del japonés, revelan la calidad de su expresión y la grandeza de su amor como la máxima expresión de los sentimientos de un ciudadano que respondiendo exactamente a las exigencias de un masón, “ama a su Patria, respeta sus leyes y a la autoridad legítimamente establecida”.
La libertad en su más amplia dimensión y concepto, fue su norte, la buscó para sí y para los suyos, luchó por ella y desde lugares de vanguardia la defendió, la predicó y la practicó; desde su condición de estudiante universitario en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, como dirigente estudiantil y en la Juventud del Partido Radical, como militante después en ese mismo partido cuya doctrina consagra en su línea central la libertad y la democracia; y en los difíciles días del atropello a esas formas de convivencia social que vivió nuestra patria, luchando por reestablecerla a través del movimiento social organizado para tan noble fin, el Partido por la Democracia. Consecuente con esa línea de pensamiento asumió y ejerció elevados cargos en la estructura administrativa del Estado, participando en Ministerios comprometidos con la seguridad interior y Exterior, en empresas estatales de gran importancia en el quehacer nacional como Correos y Telégrafos, en empresas de CORFO comprometidas con el desarrollo económico y social de nuestro país, entre tantas otras funciones que garantizaban precisamente el progreso y la estabilidad institucional, como garantes del ejercicio de la libertad para todos los chilenos.
El sublime ejercicio de la capacidad de pensar, de hacer uso de la razón, y el respeto al libre albedrío con el cada hombre debería resolver sus disyuntivas, ajeno a las directrices de cualquier movimiento político o religioso, fueron con certeza absoluta, las máximas que caracterizaron la personalidad e impregnaron los actos en la vida de nuestro Ilustre Hermano Jorge Eduardo Ibáñez Vergara, a quien rendimos este postrer homenaje, en este también doloroso momento de su partida, emocionados por la constancia y perseverancia en el logro de sus objetivos, por la firmeza de sus propósitos, y la consistencia de su quehacer, que podemos demostrar en construcciones tan sólidas y persistentes, como los casi diez años durante los cuales dirigió la más importante manifestación profana escrita de la Masonería Chilena, como lo es la Revista Occidente, su condición de socio fundador y Secretario Ejecutivo del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, Corporación creada por inspiración masónica a la cual entregó su capacidad de dirigir colocándola en un lugar de privilegio entre los hombres libre pensadores de Chile y el mundo, vinculándola a organizaciones internacionales afines con las cuales mantuvo importantes vínculos de colaboración e intercambio; y ahora, ya enfermo, todavía soñando con hacer más y más en defensa de esta condición del hombre, única capaz de elevarlo a la condición de tal, participando con sus opiniones e ideas en la formación, como socio fundador en la recién formada institución, de inspiración también masónica, la Corporación por la Ilustración el Laicismo y la Razón, en cuyo portal se le rinde hoy también un merecido homenaje.
Nuestro Ilustre Hermano JORGE EDUARDO IBAÑEZ VERGARA, nacido en Linares un 17 de diciembre del año 1926, formado y fortalecido en las bondades y el rigor de los climas del sur de nuestra Patria, vencido en la vulnerabilidad de su estructura material, hoy Decora el Oriente Eterno, y en los caminos que él recorre y que nos son desconocidos, iluminados por la grandeza de su espíritu, proyecta hacia nosotros y las generaciones venideras, la semblanza de un masón ejemplar, dilecto ciudadano de una Patria en la cual nació, y a la amó y sirvió con honestidad y generosidad .
Que nuestro Ilustre Hermano Jorge encuentre, cualquiera que sea el lugar que en la insondable inmensidad del Universo el se encuentre, la paz y el descanso que se merece.
Eulogio Baeza Gutiérrez, 32º
Fuente: http://www.ilayra.cl/index.php/2011-06-30-23-44-03/94-jorge-ibanez-laicista-y-mason-ejemplar








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